Abuso de sustancia: Uso persistente o esporádico de una droga, inconsistente con la práctica médica aceptable o
no relacionada con ella. Es un patrón de adaptación al uso de la sustancia que produce
perturbaciones o limitaciones clínicamente significativas, que se manifiestan por uno o más
de los siguientes indicadores: no poder cumplir con las principales obligaciones en el hogar,
la escuela o el trabajo; uso de sustancias en situaciones físicamente peligrosas; problemas
legales recurrentes relacionados con la sustancia; uso continuado de la sustancia, a pesar de
padecer problemas sociales o interpersonales persistentes o recurrentes, exacerbados por
los efectos de la sustancia
El uso y dependencia de sustancias psicoactivas representan un factor significativo
en el incremento de la carga total de morbilidad a nivel mundial. El Informe
Mundial de la Salud 2002 (OMS) estableció que el 8,9% de la carga total de
morbilidad se atribuye al uso de sustancias psicoactivas, asociadas en un 4,0% al
tabaco, 4,1% al alcohol y 0,8% a las drogas ilícitas. En muchos países el impacto
del uso y dependencia de sustancias psicoactivas se relaciona con un amplio conjunto
de problemas de salud y de exclusión social, que contribuyen a la expansión
de la carga de morbilidad, entre los cuales resalta el aumento del VIH/SIDA
a través del uso de drogas intravenosas.
Tipos de sustancias psicoactivas
Las sustancias psicoactivas, conocidas más comúnmente como drogas psicoactivas,
son sustancias que al ser tomadas pueden modificar la conciencia, el estado
de ánimo o los procesos de pensamiento de un individuo.
El uso de estas sustancias se divide en tres categorías, según su estatus sociolegal.
En primer lugar, muchas de estas sustancias son utilizadas como medicación. Los
sistemas médicos occidentales y de otro tipo han reconocido desde hace mucho la
utilidad de estas sustancias como medicación para aliviar el dolor, ayudar al sueño
o a la lucidez y aliviar desórdenes del estado de ánimo.
Una segunda categoría de uso es su estatus ilegal o ilícito. De conformidad con
tres convenciones internacionales, la mayoría de los países se
han comprometido a considerar como ilegal el comercio y uso no médico de los
opiáceos, cannabis, alucinógenos, cocaína y muchos otros estimulantes, al igual que
de los hipnóticos y sedantes.
La tercera categoría de uso es el consumo legal o lícito, para cualquier propósito
que elija su consumidor. Dichos propósitos pueden ser muy variables, y no
necesariamente se relacionan con las propiedades psicoactivas de la sustancia. Por
ejemplo, una bebida alcohólica puede ser una fuente de nutrientes, para calentar o
refrescar el cuerpo, o para aliviar la sed; puede funcionar también para un propósito
simbólico en una ronda de brindis o como sacramento. Sin embargo, sea cual
sea su propósito, el uso de la sustancia inevitablemente va acompañado de sus
propiedades psicoactivas.
Efectos adversos de las sustancias psicoactivas y sus
mecanismos de acción
En la mayoría de los casos, la gente utiliza sustancias psicoactivas porque espera
beneficiarse de su uso, ya sea para tener una experiencia placentera o para evitar
el dolor. El beneficio no necesariamente se obtiene en forma directa de la acción
psicoactiva de la sustancia. Quien bebe cerveza con los colegas puede estar más
motivado por el sentimiento de camaradería que esto produce, que por el efecto
psicoactivo del etanol. Sin embargo, el efecto psicoactivo sigue presente y generalmente
está implicado cuando menos periféricamente en la decisión de usarlo.
Los efectos
nocivos también pueden ser producidos por el patrón de uso o por la forma o
medio en que se toma (véase Figura 1). El patrón de uso es de obvia importancia
(por ejemplo, en el caso de muertes debidas a sobredosis), no sólo en términos
de la cantidad consumida en una ocasión en particular, sino también en cuanto al
contexto de uso (por ejemplo, el uso de heroína acompañado de beber intenso).
La forma o medio de uso también puede ser de importancia crucial. La mayoría
de los efectos adversos para la salud por fumar, por ejemplo, proviene no de la
nicotina en sí, sino de los alquitranes y el monóxido de carbono que se liberan al
consumir nicotina en forma de cigarrillo. Similarmente, los efectos adversos de
consumir una droga inyectada son evidentes en el caso del uso de heroína.
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| Figura 1. Mecanismos que relacionan el uso de sustancias psicoactivas con los
problemas sociales y de salud.
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Los principales efectos nocivos ocasionados por el uso de sustancias psicoactivas
pueden dividirse en cuatro categorías (véase Figura 1.2). En primer lugar, están los
efectos crónicos en la salud. En el caso del alcohol, esto incluye cirrosis hepática y
10
NEUROCIENCIA DEL CONSUMO Y DEPENDENCIA DE SUSTANCIAS PSICOACTIVAS
diversas enfermedades crónicas; en el de la nicotina consumida en forma de cigarrillo,
cáncer pulmonar, enfisema y otras enfermedades crónicas. Al compartirse agujas,
el uso de heroína inyectada es el principal vector para la transmisión de agentes
infecciosos como el VIH y el virus de la hepatitis C. En segundo, existen los efectos
biológicos de la sustancia para la salud, agudos o a corto plazo. Especialmente,
respecto a drogas como los opioides y el alcohol, éstos abarcan la sobredosis. En esta
categoría también se clasifican los accidentes fatales causados por los efectos de la
sustancia sobre la coordinación física, la concentración y la facultad de juicio, en
circunstancias en las que estas cualidades son necesarias. En esta categoría figuran
de modo destacado las desgracias provocadas por manejar bajo los efectos del
alcohol o de otra droga, aunque también abarca otros accidentes, suicidio y (cuando
menos para el alcohol) la violencia. La tercera y cuarta categorías de efectos nocivos
comprenden las consecuencias sociales adversas del uso de estas sustancias: problemas
sociales agudos, como la ruptura de relaciones o arrestos, o crónicos, como el
ausentismo laboral o de las funciones familiares. Estas últimas categorías son importantes
en relación con el alcohol y muchas drogas ilícitas, aunque se han medido de
modo deficiente y se excluyen de las mediciones de los efectos sobre la salud como
la Carga Global de Morbilidad (CGM).
La probabilidad de la ocurrencia de estas
categorías de efectos nocivos también depende de la
cantidad de sustancia que se
emplea, las formas en que se utiliza y sus patrones de uso. Estos aspectos de uso
pueden considerarse como vinculados con los distintos tipos de problemas de
salud y sociales mediante tres principales mecanismos de acción (véase Figura
1). Un mecanismo se refiere a los efectos tóxicos directos de la sustancia, ya
sean inmediatos (por ejemplo, intoxicación) o cumulativos respecto al tiempo
(por ejemplo, cirrosis). El segundo mecanismo se refiere a la intoxicación u otros
efectos psicoactivos de la sustancia. Por ejemplo, puede provocar un accidente de
tráfico el hecho de que un conductor esté bajo la influencia de sedantes. Un
empleado de comercio puede intoxicarse en el trabajo luego de utilizar cannabis,
y debido a esto ser despedido por el gerente.
El tercer mecanismo se refiere a la dependencia de las sustancias. La dependencia
de una sustancia, o síndrome de dependencia, es el término técnico que
actualmente se emplea para el concepto de “adicción”. En el núcleo de este concepto
está la noción de que se disminuye o incluso se pierde el control y la voluntad
que tiene el usuario sobre el uso de la droga. El usuario ya no opta por
consumirla simplemente por los beneficios aparentes; el uso se ha hecho habitual,
y las ansias de volverla a usar significan que el usuario siente que el hábito
ya no está bajo su control. Por consiguiente, la dependencia del usuario es la
causa del uso ulterior, a pesar de las consecuencias adversas que pudieron haber
impedido seguir utilizando las sustancias a otros que no son dependientes.